Jehová hará mañana maravillas entre vosotros
Discurso, Diciembre de 2017, TGN.
(Basado en el discurso del élder Jeffrey R. Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles, en la Conferencia General de abril de 2016).
Estoy muy agradecida por el Salvador y en estos días de Navidad pensaba en cómo debió sentirse el Padre Celestial cuando envió a Su Hijo Amado a la tierra. Fue una ocasión predicha por los profetas de todas las épocas, un día de gozo porque ese bebé que nacía en Belén traía salvación, esperanza, libertad y misericordia. Nadie sabía lo que estaba sucediendo en ese pequeño establo, pero las Escrituras dicen que, en los cielos, había coros que cantaban alabanzas.
Creo que eso pasa muchas veces. Que en nuestra vida pasan desapercibidos grandes milagros que nuestro Padre Celestial está obrando en nuestro favor, y que un día reconoceremos, cuando nuestros ojos sean abiertos.
Y de esto me gustaría hablar esta mañana. Pero antes de comenzar me gustaría que pensaran en algunas situaciones:
- Una ocasión en que sintieron el Espíritu de una manera especial en una reunión de la Iglesia.
- Los sentimientos que tuvieron la última vez que fueron al templo.
- El ambiente del Centro de Capacitación Misional antes de salir al campo misional.
- Un momento especialmente feliz en su hogar
- El hogar celestial
El élder Jeffrie R. Holland dijo: "Deseamos aferrarnos a las impresiones espirituales que hemos tenido y a las enseñanzas inspiradas que hemos escuchado; pero es inevitable que después de momentos celestiales en la vida tengamos, por necesidad, que volver a la tierra, por así decirlo, donde a veces nos volvemos a enfrentar a circunstancias que distan de ser ideales".
De algún modo hay momentos en que vislumbramos el cielo y tomamos la determinación de ser más obedientes, más amables, más pacientes, y de cumplir mejor los mandamientos, pero luego nos encontramos con nuestras propias debilidades, nuestras circunstancias personales o el albedrío de otras personas, y nos sentimos muy desanimados y frustrados.
Al darnos cuenta de que todos tenemos que dejar atrás experiencias sublimes para hacer frente a las vicisitudes habituales de la vida, el élder Holland brindó palabras de ánimo en la Conferencia General de abril de 2016: "Si en los próximos días no solo ven las limitaciones en las personas que los rodean, sino también encuentran elementos en su propia vida que aún no están a la altura de los mensajes que han oído este fin de semana, por favor, no se desanimen ni se den por vencidos. El Evangelio, la Iglesia y estas maravillosas reuniones semestrales tienen como fin dar esperanza e inspiración; no tienen la intención de desanimarlos".
Él dice que solo el adversario trataría de convencernos de que los ideales que se describen en la conferencia general son "deprimentes e irrealistas, que las personas realmente no mejoran y que nadie progresa en realidad". Y lo hace porque sabe que él no puede progresar, porque está limitado por restricciones eternas. Pero nosotros, con el don de la expiación de Jesucristo y la fortaleza de los cielos para ayudarnos, podemos mejorar; "y lo bello del Evangelio es que se nos da mérito por esforzarnos, aunque no siempre lo logremos".
El Señor no enseñó por medio del profeta José Smith que los dones de Dios "se dan para el beneficio de los que me aman y guardan todos mis mandamientos, y de los que procuran hacerlo". Y es que a veces esto es todo lo que podemos ofrecer. El élder Holland dijo: "Recuerden que el Señor bendice a aquellos que desean mejorar, que aceptan la necesidad de los mandamientos y tratan de guardarlos, que atesoran las virtudes semejantes a las de Cristo y se esfuerzan, al máximo de sus posibilidades, por adquirirlas. Si tropiezan en ese esfuerzo... el Salvador está allí para ayudarlos a seguir adelante. Si caen, soliciten Su fortaleza... Él los ayudará a levantarse, Él los ayudará a arrepentirse, a reparar y arreglar lo que sea necesario y a seguir adelante; con el tiempo, lograrán el éxito que buscan".
El presidente George Q. Cannon enseñó en una ocasión: "No importa la gravedad de la prueba, la profundidad de la angustia, cuán grande sea la aflicción, [Dios] nunca nos abandonará. Nunca lo ha hecho, y nunca lo hará. No puede hacerlo. No es parte de Su carácter... Él [siempre] estará a nuestro lado. Tal vez pasemos por el horno ardiente; quizás pasemos a través de aguas profundas; pero no seremos consumidos ni vencidos. Saldremos de todas esas pruebas y dificultades siendo mejores y más puros a causa de ellas". "De modo que, sigan amando; sigan tratando; sigan confiando; sigan creyendo; sigan progresando. El cielo los está animando hoy, mañana y siempre".
Como decía al principio, a menudo no nos damos cuenta de lo mucho que el Señor está obrando en nuestra vida. No vemos y no oímos, porque es parte de nuestra condición en esta vida. Pero nuestro espíritu es eterno y, si le dejamos, percibe las cosas de la eternidad.
En el capítulo 40 del libro de Isaías dice: "Consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios. Hablad al corazón de Jerusalén y decidle a voces que su lucha ha terminado, que su iniquidad es perdonada. He aquí, Jehová el Señor vendrá con poder, y su brazo gobernará por él. Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo recogerá los corderos y en su seno los llevará. ¿No has sabido? ¿No has oído que el Dios eterno, Jehová, el cual creó los confines de la tierra, no desfallece ni se fatiga? Él da fuerzas al cansado y multiplica las fuerzas del que no tiene vigor. Los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán las alas como águilas; correrán y no se cansarán; caminarán y no se fatigarán.
¡Qué importante es que nos demos cuenta de que estas promesas son para cada uno de nosotros, sean cuales sean nuestras debilidades y nuestras circunstancias! Creo que la verdadera fe consiste precisamente en creer que, mediante la expiación de Cristo, realmente podemos llegar a merecer el Sacrificio que Él estuvo dispuesto a hacer por nosotros. El primer y gran mandamiento es amar a Dios con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza; pero la primera gran verdad de toda la eternidad es que Dios nos ama con todo Su corazón, alma, mente y fuerza.
En su discurso, el élder Holland concluye diciendo: "Si las normas del Evangelio parecen elevadas y lo que necesita mejorar personalmente en los próximos días parece estar fuera de su alcance, recuerden el aliento que Josué dio a su pueblo cuando se enfrentaron a un futuro desalentador. 'Santificaos porque Jehová hará mañana maravillas entre vosotros'".
La misma promesa es la promesa de esta Iglesia; es la promesa de Él que efectúa esas maravillas. "Alza la cabeza y sé de buen ánimo, pues he aquí, ha llegado el momento; y esta noche se dará la señal, y mañana vengo al mundo para mostrar al mundo que he de cumplir todas las cosas que he hecho declarar por boca de mis santos profetas".
En el nombre de Jesucristo, amén.
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